Cada vez más familias están convirtiendo patios, azoteas y pequeños terrenos en espacios productivos. Los huertos familiares permiten cosechar vegetales frescos, reducir gastos en el mercado y acercar a los más pequeños al trabajo del campo.
Por dónde empezar
Los especialistas recomiendan comenzar con cultivos de ciclo corto como lechuga, cilantro, ají y tomate, que se adaptan bien a canteros y recipientes. Lo más importante es elegir un lugar con buena luz, asegurar el riego y preparar un suelo rico en materia orgánica.
Un huerto pequeño, bien cuidado, puede producir más de lo que la gente imagina.
Durante el programa también se habló de la importancia del compost casero, que aprovecha restos de cocina para devolver nutrientes a la tierra, y de rotar los cultivos para evitar plagas.
Un aporte a la seguridad alimentaria
Además del beneficio económico, estas iniciativas fortalecen la alimentación de los hogares y crean redes entre vecinos que intercambian semillas y experiencias.
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